Cáncer de mama, estrógenos y estilo de vida


Las tasas de cáncer de mama se han triplicado desde 1940. Si le preguntásemos a algún especialista que es lo que ha causado este incremento desmedido, seguramente nos responderá: los estrógenos. 





Para entender esto, debemos mirar cómo nuestro estilo de vida actual ha aumentado la exposición y la cantidad de estrógeno en el cuerpo femenino.
Existen una amplia variedad de factores acerca de nuestra forma de vida que son muy importantes, el primero es una dieta adecuada. Sabemos que la dieta moderna ha cambiado a una dieta alta en carbohidratos. Los carbohidratos se convierten en azúcares en el estomago, estos azúcares se absorben muy rápidamente, lo que provoca la liberación de insulina. Esta liberación de insulina conduce a que las células se dividan más rápidamente, lo que puede llevar a una división celular fuera de control.

Además, otra consecuencia de una dieta alta en carbohidratos es que dicho exceso conduce a una rápida absorción por parte del organismo, que a su vez, la insulina conducirá directamente a las reservas de grasa del cuerpo.

Dicho esto, uno de los mecanismos que conduce a la mujer a un mayor riesgo de cáncer de seno es la alta exposición a los estrógenos. Si nos fijamos en el medio rural, donde las niñas tienen una dieta más baja en carbohidratos, la incidencia de este cáncer es mucho menor.
También es importante saber que otro factor protector es tener un hijo a una edad temprana, en cambio, tener el primer período menstrual tardío ha demostrado ser un factor de riesgo.


¿Qué son los estrógenos?

Son hormonas sexuales esteroides (derivadas del colesterol), producidas por los ovarios, durante el embarazo por la placenta y, en menor cantidad, por las glándulas adrenales.
Este grupo de hormonas juega un rol fundamental en el desarrollo sexual y reproductivo de las mujeres. Pero su exceso puede acarrear problemas de salud.


Existen tres factores fundamentales que hay que observar: la dieta, el ejercicio y la obesidad. Hay más estrógeno en un organismo a causa del metabolismo de las células grasas, esto expone al pecho a más riesgo. Por tanto, son la obesidad, la falta de ejercicio y la dieta inadecuada lo que impulsa el estrógeno, que a su vez, promueve las mutaciones del cáncer de mama.

Como ya hemos mencionado, parece ser que los efectos del embarazo operaran como un factor de protección, pero ¿cómo funciona este delicado equilibrio entre los estrógenos, la progesterona y otras hormonas, que cambian el ritmo normal de la mutación hacia mutaciones más peligrosas que conducen a la enfermedad? Esta es una pregunta que la ciencia no ha logrado aún responder. Pero lo que si es seguro es que, una y otra vez, en diversas investigaciones se pueden observar a las fluctuaciones de los estrógenos como un factor de riesgo en el desarrollo de cáncer de mama. 


Alzheimer: las últimas investigaciones


El Alzheimer es el tipo de demencia más común entre las personas mayores de 65 años. Esta enfermedad provoca una degeneración gradual de gran parte de las neuronas del cerebro que termina afectando a la memoria, el comportamiento y la razón. Es la sexta causa de muerte en el mundo. 



Alzheimer


De las 10 enfermedades más comunes en el mundo, el Alzheimer es la única que todavía no ha podido ser enlentecida, detenida o impedida. Contrariamente a lo que muchos piensan, el factor genético no es la causa principal de esta enfermedad, la herencia solamente contribuye a elevar las probabilidades del individuo a desarrollarla. Asimismo, se sabe que existen factores ambientales que favorecen la aparición del Alzheimer.

Decenas de estudios sobre esta enfermedad han sido publicados en el último año, desde los potenciales factores de riesgo hasta las maneras de disminuir las probabilidades.
Como ocurre con los estudios científicos, algunos son más factibles que otros, pero en su conjunto presentan signos contundentes de progreso. De todos ellos, hemos seleccionado las seis investigaciones más convincentes.


1.) La visión negativa del envejecimiento aumenta el riesgo

Un estudio reciente realizado por investigadores del Instituto de la Vejez de Baltimore (Usa) encontró que las opiniones negativas de personas mayores sobre el envejecimiento, aumentan el riesgo de sufrir la enfermedad. El estudio se centró en el volumen del hipocampo de dos grupos de individuos: uno con una visión negativa de la vejez y otro con una visión positiva.
Los investigadores hallaron que el grupo con visión negativa tenía una tasa de disminución del volumen del hipocampo tres veces superior al del grupo con una visión positiva. Específicamente, la contracción del hipocampo es una de las principales características de la enfermedad de Alzheimer. Otra particularidad de esta enfermedad es que se produce una acumulación anormal de proteínas (placas) que el grupo de visión negativa también presentó en mayor número. 


2.) Algunos alimentos podrían ayudar a reducir el riesgo

Una investigación presentada por la Universidad Médica de Rush (Chicago) estudió a 900 personas de mediana edad en el transcurso de cinco años. Dichos individuos siguieron una dieta llamada “Dieta de Retraso Neurodegenerativo” que consistía en una alimentación rica en granos, pescados, vegetales, frutas y aceite de oliva. Entre los participantes que siguieron la dieta rigurosamente, los investigadores encontraron que la reducción del riesgo de contraer Alzheimer fue de un 53%. Entre aquellas personas que siguieron la dieta en forma “moderada”, la reducción del riesgo fue del 35%.


3.) Trastornos del sueño podrían aumentar el riesgo

Durante un estudio realizado con ratones en el laboratorio de Neuroimagen de la Universidad de California, los investigadores hallaron indicios de que los trastornos del sueño aumentan el riesgo de padecer Alzheimer. Los autores explicaron que el sueño permite al cerebro deshacerse de una proteína tóxica que se acumula en algunas áreas cerebrales de personas que padecen esta enfermedad.
Los investigadores compararon al sueño con un lavavajillas, que limpia esta “proteína basura”. En los ratones con trastornos del sueño, el cerebro tenía menos tiempo para deshacerse de la toxina, causando una acumulación de esta sustancia.
Los científicos dicen que esta acumulación deteriora funciones mentales como el aprendizaje y la formación de nuevos recuerdos, lo que lleva a la conclusión de que un trastorno crónico del sueño puede ser un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer.


4.) El café podría reducir el riesgo

Buenas noticias para los amantes del café. Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard encontró evidencias de que esta bebida puede ayudar a reducir el riesgo de Alzheimer. En un análisis a más de 90 mil mujeres y 40 mil hombres, los investigadores encontraron en el consumo habitual del café una “asociación inversa significativa” en la mortalidad debido a enfermedades neurológicas.
En este estudio, el menor riesgo de muerte por enfermedad de Alzheimer no fue el único descubrimiento, los investigadores también encontraron que aquellas personas que bebían regularmente café eran menos propensas a padecer enfermedades cardíacas.
Los científicos teorizaron que "compuestos bioactivos" del café pueden ser responsables, pero subrayaron la necesidad de más investigación para llegar a una conclusión más precisa.


5.) El estrés podría incrementar el riesgo

Un estudio publicado en la revista “Alzheimer and Associated Disorders” (Alzheimer y trastornos asociados) asegura que un aumento del estrés puede ser un factor de riesgo para esta enfermedad. La investigación realizó un seguimiento a 500 personas adultas en el transcurso de tres años para medir sus niveles de estrés.
En aquellos individuos que se percibían a sí mismos en forma muy frecuente como muy estresados, se observó un mayor riesgo de deterioro cognitivo temprano. Una posible causa, sugirieron los investigadores, es que el aumento de cortisol debilite las células nerviosas del cerebro.


6.) El alcohol puede reducir la mortalidad de la enfermedad

Investigadores de la Universidad de Copenhague vincularon un consumo moderado de alcohol con un menor riesgo de muerte en personas con enfermedad de Alzheimer.
Entre los 320 pacientes con Alzheimer que fueron estudiados, aquellos que consumían dos o tres copas de alcohol al día tenían un riesgo 77% menor de morir a causa de la enfermedad. 
Los científicos no fueron capaces de determinar de que forma las bebidas alcohólicas pueden influir en esto. Simplemente recordaron que en estudios anteriores también se ha afirmado que el consumo moderado de alcohol puede actuar como protector del cerebro. 



Las personas mayores podrían aumentar su resistencia ósea dando pequeños saltos


Una reciente investigación de la Universidad de Bristol ha hallado que las personas mayores podrían mejorar su resistencia ósea realizando series de pequeños saltos todos los días. 


saltar personas mayores


Un estudio de la Unidad de Investigación sobre trastornos Músculo-Esqueléticos de la Universidad de Bristol (Inglaterra) afirma que de esta forma las personas de la tercera edad podrían aumentar la densidad y resistencia de sus huesos, lo que a su vez podría reducir el riesgo de caídas y fracturas. Los resultados de esta investigación fueron publicados en la revista “International Osteoporosis”. 

La fractura de huesos, además de ser dolorosa, puede ser un punto de inflexión en la vida de las personas mayores ya que contribuye en la pérdida de confianza y en la merma de independencia, debido sobre todo, a que serán menos capaces de hacer cosas por sí mismas. Particularmente la fractura de cadera puede llevar a una disminución de la capacidad funcional y generalmente tiene un impacto significativo en la calidad de vida de la persona. Una muestra de esto es que las tasas de mortalidad entre las personas mayores de 60 años después de ser hospitalizadas debido a una fractura de cadera son de 36% para hombres y 21% para mujeres, dentro del año posterior a la internación.

Los autores del estudio encontraron que las personas de más avanzada edad estaban preocupadas por el daño que este ejercicio podría causar en sus articulaciones o caerse. Sin embargo, al informarles que este tipo de actividad física les permitiría ser más independientes durante más tiempo, la mayoría de los participantes aceptó ser parte del estudio.
Los investigadores también encontraron que los participantes estaban interesados en aprender una actividad física que les pudiera mantener su movilidad, independencia y relaciones sociales.

Se utilizaron cinco grupos integrados por hombres y mujeres mayores de 65 años. Los ejercicios consistieron en dar saltos multidireccionales o saltos en un mismo lugar, en este último caso bien podría ser tomado de un mueble, una puerta o mesa para personas que sientan que pueden perder el equilibrio y caer durante los ejercicios.
Las sesiones supervisadas se realizaron una vez por semana durante el primer mes y luego, una vez cada 15 días durante los siguientes 3 meses. El resto de los días las personas hacían los ejercicios en su propio hogar.

Las sesiones de ejercicios comenzaron siendo tres series de 10 saltos por día, entre cada serie se realizan de 10 a 20 segundos de descanso. La persona debía ir subiendo progresivamente la cantidad de saltos hasta completar cinco series de 10 saltos todos los días, requeridas como meta por los autores de la investigación.
Hacia el final del estudio, sólo 3 personas se habían retirado del experimento.

Los resultados finales arrojaron que, durante los meses que duró el sondeo, la mejora en la DMO (densidad mineral ósea) de los participantes fue, en promedio, de 0,3. Tengamos en cuenta que los investigadores compararon los datos con un grupo de control, personas inactivas que no hicieron ningún ejercicio físico durante el estudio, en ese mismo período de tiempo el grupo de control perdió 0,2 de DMO. Es decir, las personas que participaron de la investigación conservaron y ganaron masa ósea, mientras que el grupo de control la perdía. 

Para terminar, decir que posteriormente al estudio se reportaron mejoras por parte de los participantes en cuanto a un mejor equilibrio, un aumento en la movilidad, mayor resistencia a la fatiga, más fuerza y mejor coordinación.
Por último, los autores de la investigación creen que este ejercicio se podría habituar sin problemas dentro de las actividades cotidianas de muchas personas mayores, fundamentalmente por ser una práctica sencilla, y que debido a esto, podría ayudar a facilitar su adopción en el largo plazo.


Referencia: http://link.springer.com/article/10.1007/s00198-015-3376-7


Una mejor digestión: 9 consejos para lograrla


Intestino irritable, estreñimiento, acidez, dolores de estómago, gastritis, flatulencias… las dietas y el ritmo de vida actuales hacen que algunos de estos problemas digestivos sean algo común para muchas personas. 



digestión


Afortunadamente muchos de estos padecimientos se pueden aliviar a través de unos pocos cambios en la alimentación y el estilo de vida. Estas son 9 reglas que podemos seguir para una mejor digestión. 


1.) Agregue al menos 25 gramos de fibra a su dieta diaria

Varias investigaciones han demostrado que los alimentos ricos en fibra ayudan a restablecer el equilibrio en el intestino y mejorar las condiciones para patologías como el síndrome de intestino irritable, estreñimiento y hemorroides.
La recomendación estándar son 38 gramos de fibra al día para hombres y 25 gramos para mujeres. Es más fácil de lo que piensa alcanzar esos objetivos, por ejemplo, una taza de frijoles negros cocidos contiene unos 15 gramos de fibra, más de la mitad de la ingesta diaria recomendada para mujeres.
Otros alimentos ricos en fibra son: alcachofas, frambuesas, peras, manzanas, guisantes, lentejas, frijoles, arroz integral, salvado, ciruelas, semillas de girasol y almendras.


2.) Beber un mínimo de 2 litros de agua al día

Los beneficios del consumo de fibra pueden ser reforzados en gran medida por un aumento de consumo de líquido, al menos 2 litros al día, que son alrededor de 8 vasos. Esto se debe a que beber líquido suficiente es crucial para que la fibra funcione correctamente en su tracto digestivo.
Beber una o dos tazas de té verde sin azúcar durante el día también es una buena manera de mantenerse hidratado y además recibir una buena dosis de fitonutrientes.


3.) Bajar el consumo de carbohidratos procesados

Los carbohidratos procesados como la harina blanca, azúcar blanco, jarabe de maíz alto en fructuosa, o cualquier producto fabricado con ellos, daña su microbiota intestinal. Esto se debe a que los alimentos procesados crean un desequilibrio entre las bacterias buenas y malas en nuestra flora intestinal. 
Varias investigaciones han corroborado que los azúcares refinados pueden conducir a un crecimiento excesivo de bacterias dañinas en el intestino.


4.) Tomar infusiones de hierbas

Los tés de hierbas ayudan a la digestión y a combatir el intestino irritable. Los más beneficiosos para la digestión son el jengibre, menta, hinojo, anís, diente de león, alcachofa, melisa y manzanilla.
En concreto, el té de manzanilla ayuda a aliviar la diarrea, náuseas, irritación gastrointestinal y las indigestiones.


5.) Alimente a su intestino de bacterias buenas

Los probióticos (microorganismos vivos) y los prebióticos (alimentos para esos microorganismos) aumentan los niveles de bifidobacterias (bacterias beneficiosas) que ayudan a reducir los trastornos digestivos, aliviar el estreñimiento y minimizar los síntomas del síndrome de intestino irritable.
Para añadir más probióticos a su dieta consumir: yogur, kéfir, chucrut, chocolate negro, sopa de miso, tempeh o té de kombucha. Los alimentos con más prebióticos naturales son: ajo, espárrago, cebolla y puerro.


6.) Evitar los antibióticos, siempre que sea posible

Está comprobado que los antibióticos reducen la diversidad bacteriana en el intestino, matan bacterias beneficiosas y ayudan al crecimiento de bacterias dañinas, además, hacen más resistentes a estas últimas.
Una ingesta frecuente de antibióticos puede conducir a un desequilibrio crónico en el intestino, lo que puede desembocar en problemas gastrointestinales. En definitiva, usar antibióticos sólo cuando sea absolutamente necesario.


7.) Consumir remolachas

Estos tubérculos rojos poseen potentes propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Alivian los síntomas de la irritación gastrointestinal. Además, se ha demostrado que pueden reducir el riesgo de lesiones precancerosas en el colon.


8.) Practicar yoga

La práctica regular de yoga ha demostrado mejorar la circulación sanguínea en la zona de los intestinos, además de disminuir los síntomas del síndrome de intestino irritable y mejorar la función intestinal. También reduce el estrés, algo fundamental para una buena digestión. Muchas personas con problemas digestivos que comienzan a practicar yoga han reportado mejoras significativas en poco tiempo.


9.) Adopte en su dieta diaria alguna verdura de hoja verde

Gracias a su contenido de fibra, las verduras de hoja verde como la espinaca, acelga o la col rizada, pueden ayudar a regular su digestión. Un componente de estas hojas llamado Tilacoides regula la absorción de la glucosa y ralentiza la absorción de las grasas, haciendo trabajar mejor al intestino. Además, la clorofila que contienen las hojas de estas verduras disminuye el riesgo de cáncer de colon. 


Amamantar reduce el riesgo de cáncer y diabetes en las madres


Sin dudas que la leche materna proporciona el alimento ideal para el bebé, pero dos estudios recientes sugieren que las madres también obtienen varios beneficios gracias a la lactancia. 


madre amamantando bebé


Una investigación halló que la lactancia materna puede ayudar a proteger a la mujer de un tipo particularmente maligno de cáncer de mama. Otro estudio sugiere que la lactancia actúa como una especie de botón de reinicio para el metabolismo después del embarazo, ya que ayuda a mujeres que tuvieron diabetes gestacional a evitar a convertirse en diabéticas durante toda la vida.

Estos hallazgos complementan investigaciones anteriores que muestran que las mujeres que amamantan tienen menor riesgo de cáncer de mama, de ovario, diabetes tipo 2 y artritis reumatoide. Además, se sabe que la lactancia materna también puede promover una mejor salud cardiovascular, incluyendo una presión arterial saludable.


Lactancia y cáncer

En esta última investigación, acerca de los efectos de la lactancia sobre el cáncer de mama, se analizaron docenas de estudios que abarcaron unos 40 mil casos de esta enfermedad de todo el mundo. El estudio, publicado el mes pasado en la revista ‘Annals of Oncology’, halló que la lactancia materna reduce el riesgo de tumores con receptores hormonales negativos, un tipo muy agresivo de cáncer de mama, hasta en un 20 %. Incluso un breve período de la lactancia disminuye el riesgo de estos tumores tan difíciles de tratar, que además, son más comunes en mujeres muy jóvenes.
Los autores del estudio aseguran que con la lactancia se desencadenan cambios en las células de los conductos de la leche que hacen que el pecho sea más resistente al cáncer.
Incluso algunos científicos han comenzado a referirse al período de lactancia como el “cuarto trimestre” del embarazo, ya que es la etapa en que se restaura el metabolismo del cuerpo de la mujer para el largo plazo.


Lactancia y diabetes

Por otra parte, las mujeres que desarrollan diabetes relacionada con el embarazo o las que están en riesgo, suelen ser animadas a amamantar a sus hijos, ya que la lactancia mejora el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina. La lactancia también aumenta el metabolismo de lípidos, quema calorías y moviliza los depósitos de grasa que se han acumulado durante el embarazo (aunque no siempre conduce a mucha pérdida de peso).

En un estudio publicado la semana pasada en la revista ‘Annals of Internal Medicine’ un grupo de investigadores identificó a más de mil mujeres que habían desarrollado diabetes gestacional durante el embarazo, y fueron monitoreadas hasta dos años después del nacimiento.

De todas las mujeres evaluadas, el 12% desarrolló diabetes tipo II. Pero las que amamantaron, bajaron la incidencia de la enfermedad a la mitad en los dos años posteriores al alumbramiento.
Las madres que amamantaron durante más de 10 meses redujeron en un 60% su riesgo de un diagnóstico de diabetes en los dos años posteriores.
De las mujeres que alimentaron a su bebé los primeros dos meses de vida solamente con leche materna (no utilizaron ninguna leche de fórmula) sólo el 3,9% desarrolló diabetes, en comparación con el 8,79% de mujeres que no amamantaron y sólo utilizaron leche de fórmula.
¿Cuáles son las causas de estas diferencias? Según los investigadores, la teoría más probable es que la lactancia afecte el metabolismo y la sensibilidad a la insulina de las madres.


Referencias:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23743465
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26504151


Salud del cerebro y alimentos


Nuestro cerebro está siempre funcionando, incluso mientras dormimos. Él cuida nuestra respiración, latidos del corazón, raciocinio, movimientos, sentidos, etc. Esto significa que el cerebro necesita un suministro constante de combustible. 



salud cerebro alimentos


Este “combustible” proviene de los alimentos que consumimos, y es lo que puede hacer la diferencia. O sea, lo que usted come afecta directamente la estructura y funciones del cerebro.

Al igual que un vehículo, el cerebro funciona mejor cuando el combustible es de superior calidad. El consumo de alimentos que contengan gran cantidad de vitaminas, minerales y antioxidantes, nutren el cerebro y lo protegen del estrés oxidativo, dicho de otra manera, lo resguardan de los radicales libres que produce el cuerpo cuando utiliza el oxígeno, lo cual puede dañar las células.

Por desgracia, si los alimentos que se ingieren no son de buena calidad, como ser alimentos procesados o refinados, el cerebro puede sufrir, porque no tiene capacidad para deshacerse de ellos.
Por ejemplo, las dietas altas en azúcares refinados son perjudiciales para el cerebro, ya que además de empeorar la regulación de la insulina del cuerpo, también promueven la inflamación y el estrés oxidativo. Múltiples estudios han encontrado una correlación entre una dieta alta en azúcares refinados y funciones cerebrales alteradas, incluso un empeoramiento en síntomas de trastornos del estado de ánimo, como la depresión.
Lo que es interesante es que desde no hace mucho tiempo, la medicina viene reconociendo plenamente la relación entre la alimentación y el estado de ánimo.


¿De qué forma los alimentos pueden alterar el estado de ánimo?

La serotonina es un neurotransmisor que ayuda a regular el sueño, el apetito, influye en los estados de ánimo y en la inhibición del dolor. Dado que, aproximadamente el 95% de la serotonina se produce en el tracto gastrointestinal, y éste está poblado por millones de células nerviosas, no será muy difícil de entender que nuestro sistema digestivo no solo ayuda a digerir los alimentos, sino que también participa en la raíz de las emociones. Es más, la función de estas células nerviosas (o neuronas) –la producción de neurotransmisores como la serotonina- está muy influenciada por las bacterias “buenas” que componen el microbioma intestinal. Estas bacterias desempeñan un papel fundamental en nuestra salud, ellas protegen el revestimiento de los intestinos y son una barrera contra toxinas y bacterias dañinas, además de absorber los nutrientes de los alimentos y activar las vías nerviosas que viajan directamente entre el intestino y el cerebro.

Por ejemplo, distintos estudios han demostrado que cuando las personas consumen probióticos (suplementos que contienen bacterias buenas) sus niveles de ansiedad y percepción de estrés tienden a normalizarse. Otras investigaciones han comparado las dietas “tradicionales” como la dieta mediterránea y la dieta tradicional japonesa con una típica dieta “occidental” actual, y ha quedado demostrado que el riesgo de depresión es de entre 25 a 35% menor entre las personas que consumen dietas tradicionales.
Los científicos explican que esta diferencia se debe a que las dietas tradicionales tienden a ser ricas en verduras, frutas, granos sin procesar, pescados y mariscos, en cambio contienen pequeñas cantidades de carnes y lácteos, y son muy bajas en azúcares refinados. Además, muchos de los alimentos no procesados, típicos de las dietas tradicionales, fermentan, por lo tanto actúan como probióticos naturales.
La fermentación utiliza bacterias y levaduras para convertir el azúcar de los alimentos en dióxido de carbono, alcohol y ácido láctico, esto protege a los alimentos de que se echen a perder, además puede añadirle un agradable sabor y textura.

La idea de que las buenas bacterias no sólo influyen en la absorción de la digestión intestinal, sino que también afectan el grado de inflamación de todo el cuerpo, así como nuestro estado de ánimo y nivel de energía, está ganando lentamente terreno entre los investigadores. Los resultados del floreciente campo de la psiquiatría nutricional hasta ahora han sido bastante alentadores, y en algunos casos, increíbles.



Microbioma: algunos datos sobre nuestros microbios


Existen billones de microorganismos dentro de cada uno de nosotros. Este aún misterioso ecosistema que vive en el interior y en la piel del ser humano, determina, en un alto porcentaje, nuestro estado de salud y hasta nuestra personalidad. 


Microbioma


Entre 30 y 100 billones de microorganismos existen en un cuerpo humano. Se podría decir que es otro órgano, ya que todo junto puede llegar a pesar aproximadamente 1,3 kg, o sea, casi lo mismo que el cerebro. Además, realiza un sinnúmero de funciones en nuestro organismo, desde ayudar a la digestión hasta afectar nuestro estado de ánimo. En muchos casos apenas se está comenzando a comprender su alcance.
A continuación, veamos algunas cosas interesantes de este verdadero ecosistema que vive con nosotros.


1.) Nuestra primera dosis

En el útero los bebés se encuentran en una zona estéril, sin microbioma en absoluto. La mayoría de los bebés captan su primera dosis de microbios en el canal vaginal, momento en el cual nuestros primeros microbios dan forma a nuestro sistema inmunológico, digestivo e incluso nuestro cerebro. Por ejemplo, las bacterias que necesitan los bebés para digerir la leche materna, los Lactobacilus, se obtienen en ese momento.
¿Qué sucede entonces con los niños nacidos por cesárea? Estos bebés, a menudo adquieren las bacterias a través de las manos del médico o del medio ambiente que les rodea en ese momento, esto puede desbalancear su microbioma. Los niños nacidos por cesárea tienen tasas ligeramente más altas de asma, alergias, infecciones intestinales y retrasos en el desarrollo del sistema inmune. No obstante, se les puede dar probióticos para compensar los que no han recibido.


2.) Razones para amamantar

La leche materna contiene varios tipos de bacterias que se transmiten al bebé, es por ello que aproximadamente el 10% de los nutrientes de esta leche no es digerible por el ser humano. La leche materna también contiene “señuelos” químicos que atraen a los microbios que causan enfermedades, por lo que estos se adhieren a las moléculas de la leche en lugar de las células del bebé. Los bebés que padecen cólicos tienen menos bacterias adquiridas de la leche materna y más bacterias como la Proteobacteria, que puede causar gases. Reequilibrar estas bacterias ha demostrado ser una cura para los cólicos de los bebés.


3.) Diferencias a flor de piel

Nuestro microbioma de la piel revela diferencias importantes sobre nosotros. Los dueños de perros tienen más diverso microbioma que aquellos que no los tienen, además, pueden compartir ciertos perfiles microbianos con sus mascotas.
Las personas que usan antitranspirantes tienen alrededor de 50 veces menos bacterias bajo el brazo que la gente que solo usa jabón.
Las manos de las mujeres y hombres tienen distintos perfiles microbianos, incluso la mano derecha e izquierda de una misma persona pueden tener diferentes ambientes microbianos.


4.) El mal aliento de las mañanas

Más de mil tipos de bacterias, repartidas en unas 100 a 200 especies, viven en la boca humana. La mayoría no hace ningún daño, pero en condiciones apropiadas estas pueden ocasionar caries en los dientes, enfermedades en las encías o mal aliento. Precisamente el mal aliento se produce por los químicos sulfurosos que produce la lengua por las noches, ya que la boca se seca y la saliva no puede actuar limpiando estos químicos.


5.) Un poco de suciedad no es tan mala

Nuestro sistema inmunológico está capacitado para no atacar todo. Está demostrado que la exposición a ciertos microbios reduce las probabilidades de contraer alergias o asma. Por ejemplo, los niños que adquieren las bacterias “Lactobacilos johnsonii” del polvo ambiental o del perro de la casa, tienen menos tasas de alergias pulmonares.
En algunos experimentos recientes se ha observado que ratones alérgicos a los cacahuetes se vuelven más resistentes cuando se les da ciertos tipos de cepas bacterianas en sus intestinos, esto podría ayudar a prevenir algunas alergias humanas en el futuro.


6.) El microbioma proporciona nutrientes

Tanto en seres humanos como en animales, el microbioma intestinal también proporciona nutrientes carentes en nuestra dieta. Por ejemplo, algunos pueblos de Nueva Guinea pueden vivir con una dieta compuesta en un 90% de patatas dulces, esto es posible gracias a que su flora intesitinal ha evolucionado para producir las proteínas que faltan en su alimentación. Otro claro ejemplo es lo que sucede con las algas, mientras que en occidente la mayoría de la gente no puede digerirlas, los japoneses si pueden gracias a que su flora intestinal ha evolucionado para poder hacerlo. Del mismo modo, el microbioma intestinal de los occidentales produce muchas más enzimas para digerir carbohidratos que las personas nacidas en Asia.


7.) Flora intestinal y obesidad

Probablemente existen muchas razones para la obesidad, incluyendo la dieta y el estilo de vida. Sin embargo, otra teoría ha cobrado fuerza entre los investigadores en los últimos años, y es la composición de la flora intestinal. Distintos estudios han demostrado que hay diferencias entre el microbioma intestinal de personas delgadas y personas obesas. En un estudio realizado en la Universidad de Minnesota, a un grupo de ratones con peso normal se les transplantó microbioma intestinal de ratones obesos. El resultado fue que los ratones engordaron comiendo la misma dieta que antes.
Otra correlación ocurre con los antibióticos, que al consumirlos, matan ciertas bacterias en los intestinos y esto propicia la obesidad. Curiosamente, en los estados de Estados Unidos donde más antibióticos se ingieren (Missisipi y Virginia) están las tasas más altas de obesidad de ese país.


8.) Estado de ánimo y flora intestinal

Nuestro cerebro e intestino se comunican entre sí todo el tiempo. Considere esto: el intestino contiene 500 millones de neuronas conectadas al cerebro a través del nervio vago. También produce el 80% de la serotonina, hormona que regula el estado de ánimo, el sueño y la memoria. Esta puede ser la causa por la cual los trastornos intestinales a menudo vienen acompañados de estados depresivos, como así también las personas autistas frecuentemente tienen problemas digestivos.
En un experimento de laboratorio se logró alterar el comportamiento en ratones simplemente intercambiando microbios intestinales de ejemplares sin patologías previas con ratones que sufrían frecuentes ataques de ansiedad. 


El estado físico como protector del cerebro en la tercera edad


Una nueva investigación muestra que en adultos mayores, las diferencias relacionadas con la salud del cerebro -específicamente la fuerza de las conexiones entre las diferentes regiones cerebrales- varían de acuerdo al estado físico de la persona.



estado físico cerebro tercera edad


Estos resultados sugieren que una mayor capacidad cardiorrespiratoria (medida de resistencia aeróbica) está relacionada con conexiones cerebrales más fuertes y una mejor función cerebral durante la tercera edad. La investigación fue realizada en el Instituto Beckman de Ciencia Avanzada y Tecnología (Illinois, USA).

Los resultados del estudio, que fueron publicados hace unos días en la revista Neuroimagen, ofrecen la evidencia más fuerte hasta la fecha de que una buena condición física en un adulto mayor puede tener beneficios sustanciales para la salud del cerebro, en términos de las conexiones funcionales de sus diferentes regiones. 

Existen muchas formas de evaluar la salud del cerebro, una de ellas mide la fuerza de las conexiones entre las diferentes regiones del mismo mientras la persona está completando un trabajo o durante un estado de reposo. Las investigaciones han demostrado que algunas de estas conexiones se debilitan con la edad, deteriorando la salud del cerebro.

Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI), los investigadores midieron la fuerza de estas conexiones en adultos jóvenes y en adultos mayores, en ambos casos en reposo. Como era de esperar, la mayoría de las conexiones eran más débiles en los adultos mayores en comparación con los adultos jóvenes.
Sobre la base de estos hallazgos, los investigadores examinaron el papel de la capacidad cardiorrespiratoria en estado de reposo en adultos mayores.


El estado físico de una persona está determinado por la eficiencia con la cual el individuo utiliza el oxígeno durante una actividad física, por ejemplo, correr en una cinta.


Otros factores, además de la actividad física habitual, pueden alterar la manera en que el estado físico afecte la salud del cerebro de una persona. Por ejemplo, su composición genética puede influir en la condición física y en la salud general del cerebro.

Los investigadores encontraron una relación entre el estado físico y la fuerza de las conexiones entre ciertas regiones del cerebro en los adultos mayores que era independiente de su nivel de actividad física habitual. Un dato alentador es que los beneficios del estado físico parecen ocurrir dentro de un rango bajo a moderado de resistencia, esto quiere decir que los beneficios para el cerebro no dependen de estar muy en forma.

El estudio llega a la conclusión de que hay un papel importante de la capacidad cardiorrespiratoria, más allá de la actividad física habitual, en la salud del cerebro de los adultos mayores. Esto sugiere que el cuerpo de algunos individuos se adapta mejor que otros a la actividad física natural, es decir, a aquellos movimientos físicos que hacemos sin necesariamente practicar deportes.
Sin dudas que este tipo de investigaciones ayudan a comprender de que forma el estado físico puede proteger a una persona del deterioro cognitivo y de la demencia relacionada con la edad.


Referencia: https://news.illinois.edu/blog/view/6367/274238


¿A qué se debe que el ejercicio físico retarde el envejecimiento?


Es común leer o escuchar que el hecho de practicar algún ejercicio físico en forma regular nos puede hacer vivir más tiempo, ya que retarda el envejecimiento. Pero, ¿cuál es la explicación para que esto ocurra?



ejercicio físico y envejecimiento


Saber la edad de una célula es complicado, porque su edad biológica y cronológica raramente coinciden. Es decir, una célula puede ser relativamente joven en términos del tiempo que ha existido, pero a su vez, puede funcionar de manera irregular o más lentamente, como una célula longeva.
Es por esto que hoy en día la ciencia ha comenzado a determinar la edad biológica de las células midiendo la longitud de sus telómeros.


Los telómeros son una parte de la cadena de ADN que se encuentra en los extremos de los cromosomas. Se cree que protegen el ADN del daño durante el proceso de división celular.


Al igual que las células, sus telómeros se achican y envejecen de forma natural, sin embargo, dicho proceso puede acelerarse debido, por ejemplo, al tabaquismo, insomnio, obesidad, diabetes, estrés y otros aspectos de la salud y estilo de vida de la persona. En estos casos, las células afectadas envejecen prematuramente.

Sin embargo, no hace mucho tiempo que se ha descubierto que el ejercicio físico puede retardar este acortamiento de los telómeros. En este sentido, algunas investigaciones recientes han encontrado que las personas que practican alguna actividad física al menos tres veces a la semana, normalmente tienen los telómeros más largos que las personas sedentarias de su misma edad. De igual manera que las personas mayores que con frecuencia caminan o realizan otro tipo de actividad física, incluso si esta actividad es moderada.  


Telómeros e investigación

En este sentido, la investigación más completa que se ha efectuado fue la realizada por la Universidad de California, la cual indagó la relación entre la práctica de actividades físicas y el tamaño de los telómeros en una amplia franja etárea de personas.
Para ello, recurrieron a datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos en la cual miles de adultos responden anualmente a preguntas sobre su salud, abarcando hábitos de ejercicio, además de realizarles distintos tipos de exámenes incluyendo la extracción de muestras de sangre (esto serviría para medir la longitud de los telómeros).

Los investigadores reunieron datos de casi 7 mil personas con edades de entre 20 y 84 años, de ambos sexos. Posteriormente los clasificaron a cada uno con un puntaje en función de lo habitual, el tipo y la intensidad de su actividad física. Después se midieron los telómeros de cada individuo.

Y hubo asociaciones claras. Cuanto mayor era el puntaje de la actividad física, los riesgos de tener telómeros cortos disminuyeron significativamente. Por ejemplo, una persona que practicaba actividad física de forma muy moderada tenía un 5% menos de probabilidades de tener los telómeros del mismo tamaño que alguien que no practicaba ejercicios físicos en absoluto.

El riesgo se fue reduciendo a medida que la persona practicaba más ejercicios físicos. Por ejemplo, los individuos que reportaron hacer actividad física moderada 1 o 2 veces por semana tenían un 24% menos de probabilidades de tener telómeros similares a un individuo sedentario de su misma edad. En aquellos que reportaron hacer actividad física 3 veces a la semana las probabilidades bajaban un 29%. Y los que realizaban alguna actividad física moderada más de tres veces por semana, las probabilidades de tener telómeros cortos descendía un 60%.

Curiosamente, estas asociaciones fueron más fuertes entre las personas con edades entre los 40 y 65 años, lo que sugiere que la mediana edad puede ser un momento clave para evitar que los telómeros se acorten.

Lo que el estudio no pudo determinar es la cantidad ideal de ejercicio que se necesita para un óptimo mantenimiento de los telómeros. Pero, tal vez, lo más importante es saber que las personas que hacen ejercicios físicos con regularidad tienden a tener telómeros más largos. Y como hemos visto, los telómeros más largos son predictivos de un envejecimiento celular más lento, por tanto, de una mejor salud y una vida más larga.


La técnica que le puede salvar la vida ante un ataque cardíaco


Si bien pueden haber síntomas, a veces muy leves, aproximadamente el 35% de los ataques al corazón son asintomáticos, o sea, ocurren sin previo aviso. 



La técnica que le puede salvar la vida ante un ataque cardíaco


Es por ello que muchas personas que lo sufren están solas o también puede ocurrir que aquellos que les acompañan no tienen los conocimientos básicos para hacer frente a una situación de esta naturaleza.

Por tanto, si de repente siente que su corazón late “mal” o siente un dolor agudo en el centro del pecho o del lado izquierdo y tiene un malestar como que está a punto de desmayarse, debe saber que en ese preciso instante seguramente esté sufriendo un infarto y que usted tiene aproximadamente 10 segundos antes de perder la conciencia.

Lo que mucha gente no conoce, es que ante una situación como esta, es posible hacer algo para ayudarnos a nosotros mismos. Para ello, lo más importante es no perder la conciencia, no entrar en pánico y empezar a toser y respirar profundamente, sobre todo toser lo más fuerte que se pueda. 

Hacer una inspiración profunda cada vez antes de toser, posteriormente toser fuerte y lo suficientemente hondo, como si estuviera tratando de deshacerse de algo que ha quedado atorado en su garganta.

Respiración y tos de continuo, sin descanso hasta que un médico pueda llegar hasta usted y tome el control de la situación o hasta que su corazón vuelva a latir con normalidad.
La tos es una forma de compresión, similar a cuando se practica reanimación cardiopulmonar y las respiraciones profundas permiten que el oxígeno llegue a los pulmones.

Esta técnica ayuda a que el flujo sanguíneo y el corazón sigan funcionando normalmente. Las compresiones ayudan al corazón a equilibrar el ritmo.
Es una forma perfecta de evitar cualquier daño adicional, al menos hasta que llegue una ayuda idónea.
Si todos supiéramos esta sencilla técnica, seguramente muchas vidas se salvarían. 


Como mantener el peso una vez que se adelgaza


¿Por qué la mayoría de las personas que hacen dieta recuperan el peso perdido? Veamos de que forma se puede luchar contra esta tendencia.



adelgazar


El 85% de las personas que adelgazan más del 10% de su peso, lo recuperan en el correr de los próximos cuatro años, son las conclusiones de una investigación de la Universidad de California.
Mientras que el efecto de “línea de llegada” (he perdido el peso que quería, ahora puedo dejar de hacer dieta) sin dudas que puede contribuir, el problemas más grande es de origen biológico.

Nuestro cuerpo experimenta varios cambios hormonales y metabólicos después de una pérdida de peso. Estos cambios pueden aumentar el apetito, enlentecer el metabolismo y estimular el hambre, todo lo cual obstaculiza los esfuerzos de un proceso de adelgazamiento.
Por ejemplo, la hormona leptina, que es la que le dice al cerebro que ya hay suficiente energía almacenada, disminuye cuando la persona adelgaza. Las consecuencias directas del descenso de los niveles de leptina son el aumento del apetito y el enlentecimiento del metabolismo. Al mismo tiempo, la grelina (denominada la “hormona del hambre” ya que estimula el apetito), se incrementa después de una pérdida de peso, esto puede ocasionar el aumento de ingesta de alimentos y facilitar el almacenamiento de grasa.

De hecho, en un estudio de 2011 publicado en el ‘New England Journal of Medicine’ aún un año después de perder peso, los niveles de estas hormonas en los participantes de la investigación no habían regresado a las tasas anteriores a la dieta. Eso significa que, para que una persona pueda mantener su nuevo peso, en realidad, tiene que consumir menos calorías que lo que lo haría alguien que tiene el mismo peso.
Básicamente, en este caso, el cuerpo está programado genéticamente para aumentar de peso, porque una vez que se adelgaza, el organismo supone que la comida escasea, por tanto, ralentizará su metabolismo. 


Entonces ¿es posible vencer a la biología y mantener el peso?

De hecho, si el 85% no lo logra, quiere decir que hay un 15% que si puede mantenerse después de haber adelgazado. Pero para ello, se deben seguir una serie de pasos, algunos de ellos indispensables, que pueden hacer posible mantener el peso después de un proceso de adelgazamiento, veámoslos:


1.) Practicar deportes

Cuando se trata de la lucha de su cuerpo contra el impulso de recuperar el peso, el ejercicio es un aliado indispensable. La dieta ayuda a perder peso, pero la incorporación de la actividad física ayuda a mantener esa pérdida (lo ideal es practicar tanto ejercicios aeróbicos como ejercicios con pesas). La formación de músculo nuevo supondrá un gasto extra de calorías, además, el ejercicio puede ayudar a reducir el hambre y fomenta la quema de calorías a partir de la grasa, en lugar de la quema a partir de carbohidratos.


2.) Otro aliado: la balanza

Las personas que han perdido peso deben pesarse una vez por semana por el resto de sus vidas. Puede sonar desalentador, pero el conocimiento es poder, también en la lucha contra el aumento de peso. Se recomienda pesarse el mismo día de la semana a la misma hora y con ropa similar, para evitar las fluctuaciones de peso a causa de alimentos o ingesta de líquidos. En caso de notar cambios poco convincentes, deberá revisar su dieta o su régimen de ejercicios.


3.) Solicitar ayuda

Está comprobado que, durante un régimen de adelgazamiento, el hecho de tener que rendir cuentas ayuda a motivar, no sólo a perder kilos, sino que también para mantenerse en el peso. Una buena opción puede ser alguna asociación no lucrativa como “Gordos Anónimos” o similar.


4.) Utilizar la tecnología

Mantener una “hoja de ruta” sobre alimentos y ejercicios físicos puede aumentar el conocimiento de cómo y por qué usted está adelgazando. Está demostrado que este tipo de supervización puede ser de gran ayuda. Con los avances tecnológicos (hoy existen aplicaciones para móviles que hacen este tipo de tareas) cada vez es más fácil hacer un seguimiento tanto de la ingesta de alimentos como del ejercicio. Estas estrategias ayudan a identificar las tendencias que son responsables de cualquier aumento de peso, para que pueda hacer los ajustes apropiados.


5.) Dormir bien

La pérdida de peso no es lo único que puede generar un desbalance en los niveles de las hormonas leptina y grelina, la falta de sueño también logra este efecto.
Un estudio presentado por la Asociación Americana del Corazón en 2012, determinó que las personas que duermen sólo cuatro horas diariamente, consumen 329 calorías más al día, que las personas que duermen ocho horas.


6.) Comer consciente

Es quizás, el consejo más importante para una persona que está en un régimen de adelgazamiento, o que está tratando de mantener el peso. La mayoría de la gente no piensa que este aspecto puede ser una de las maneras más profundas para transformar la relación con la comida y para que ese proceso sea un éxito duradero. Prestar especial atención a lo que usted está comiendo y por qué lo está comiendo. Esto no sólo ayuda a disfrutar y saborear más la comida, sino que también evita el exceso.
Reducir la velocidad al comer, centrarse en el sabor y la textura de los alimentos; y sin distracciones, como la televisión, puede ayudar a aumentar sus niveles de saciedad, evitar comer en exceso y mejorar su relación en el largo plazo con la comida.



Como comer algunas frutas y verduras para maximizar sus antioxidantes


Tanto frutas como verduras contienen una gran variedad de antioxidantes que ayudan a prevenir muchos problemas de salud, como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. 


frutas y verduras


Los antioxidantes ayudan a contrarrestar el daño causado en nuestro organismo por los radicales libres. Comer más frutas y verduras nos aporta, por ejemplo, carotenoides, flavonoides, polifenoles, además aumenta los niveles de vitaminas, minerales y fibra.

Por ello, es importante saber cuando es el momento en que estos alimentos tienen mayores niveles de antioxidantes, ya que estos no son constantes. Por ejemplo, cuando se empieza a notar que una fruta o verdura se pasa en su maduración y comienza a cambiar de color, es una señal que ha empezado a perder antioxidantes. Algunas excepciones son el brócoli, plátanos y melocotones, que son más sensibles y comienzan a perder sus propiedades muy rápidamente, por eso es conveniente comerlos más pronto que tarde.  

En muchos alimentos, el hecho de comerlos crudos o cocinarlos hace variar su nivel de antioxidantes. Por ejemplo, algunas verduras como champiñones, espárragos, repollo y pimientos adquieren nuevos antioxidantes después de que se cocinan. Veamos una lista:


1.) Tomate

Cocinado puede ser mejor que crudo. También hay que saber que se deben almacenar a temperatura ambiente (aunque hará su vida útil más corta) ya que pierden antioxidantes cuando se almacenan en temperaturas frías. Cocinar los tomates por encima de los 88 ºC logra aumentar de forma importante los niveles de licopeno, un antioxidante relacionado con tasas más bajas de cáncer. Los tomates crudos tienen menos antioxidantes en general, pero más vitamina C.


2.) Zanahorias

Cocinando las zanahorias se puede obtener más betacaroteno que crudas, un antioxidante que se convierte en el organismo en vitamina A y que es muy bueno para los ojos y el sistema inmunológico. Cocer al vapor o hervirlas logra mejores niveles de antioxidantes que fritas o cocinadas en el microondas.


3.) Brócoli

El brócoli tiende a perder sus antioxidantes más rápido que otras verduras cuando se almacena, un indicativo de esta pérdida es cuando comienza a ponerse amarillo. Para evitar que pierda sus antioxidantes más rápido, almacenar en el refrigerador en envases (si son micro perforados mejor), no suelto.
Si usted consume el brócoli crudo, obtendrá mayores niveles de una enzima llamada mirosinasa, que ayuda a bloquear el crecimiento de las células cancerosas. La mirosinasa es sensible al calor, por tanto, se destruye durante la cocción. Sin embargo, el brócoli cocido tiene un mejor potencial para reducir el colesterol que el brócoli crudo.


4.) Coliflor

El coliflor crudo tiene más proteínas y muchos tipos de antioxidantes (tales como la quercetina) que el coliflor cocinado. Hervir coliflor en agua le hace perder la mayor cantidad de antioxidantes y minerales.


5.) Coles de Bruselas

Las coles de Bruselas son vegetales crucíferos ricos en compuestos protectores contra el cáncer. Un estudio encontró que las personas que lo consumieron durante una semana (300 gramos al día) tenían niveles más altos de una enzima desintoxicadota del colon, lo que ayuda a explicar la relación entre el consumo de verduras crucíferas y un menor riesgo de cáncer colorrectal.
Se pueden consumir crudas o cocidas, ya que de ambas maneras conservan sus antioxidantes, aunque crudas aportan más vitamina C y folato.


6.) Col rizada

La col rizada es rica en betacaroteno, vitamina C y polifenoles, entre otros antioxidantes. Cocinarla reduce significativamente los niveles de vitamina C y también algunos de los antioxidantes. Es por ello que lo mejor es consumirla cruda, pero si no le gusta de esa forma, cocinada al vapor minimiza la pérdida de antioxidantes.


7.) Berenjena

Esta verdura no se debe comer cruda ya que podría ser tóxica y provocar malestares estomacales. Además, el hecho de cocinarla, no hace perder el poder de sus antioxidantes, sobre todo del antioxidante más abundante en ella: las antocianinas. Con la salvedad de que se haga frita donde si pierde muchas de sus propiedades.


8.) Pimiento rojo o morrón

Los pimientos rojos, también llamados morrones, son una gran fuente de vitamina C, carotenoides, polifenoles, y otros fitoquímicos. Los pimientos rojos crudos proporcionan más vitamina C (la vitamina C se descompone con el calor). Pero otros antioxidantes como los carotenoides y ácido ferúlico aumentan cuando se cocinan. Freírlos o asarlos hace que conserven más sus antioxidantes que hervirlos, ya que de esta forma si pierde muchos de sus nutrientes.

9.) Ajo y cebolla

Ambos alimentos se han relacionado con el combate a la hipertensión arterial. Las cebollas rojas tienen mayor cantidad de quercetina, un tipo de antioxidante de la familia de los flavonoides que ayuda a proteger de ciertos tipos de cáncer y enfermedades al corazón. Tanto los ajos como las cebollas son bastante resistentes cuando se cocinan, es decir, no pierden sus niveles de antioxidantes, incluso cuando se fríen. Por tanto, estos alimentos pueden ser consumidos como más le guste.


10.) Alcachofas

Ya sea al vapor, al horno o en microondas, cocinar las alcachofas hace aumentar notablemente el poder de sus antioxidantes, hasta 15 veces. Salvo cuando se fríen, que hace que pierda sus flavonoides (un tipo de antioxidante).


11.) Arándanos

El arándano es una de las frutas con los más altos niveles de antioxidantes, y se puede comer tanto crudo como cocido. Cuando los arándanos se cocinan, algunos de sus antioxidantes aumentan su potencia mientras que otros la disminuyen, pero en general, no son cambios importantes.


Dos consideraciones finales

Evite freír: el aceite caliente de las frituras crea radicales libres, pero además, muchas verduras pierden gran parte de sus antioxidantes en el proceso.

Fresco es mejor que congelado: algunas verduras como la espinaca y la coliflor pierden algunas vitaminas y minerales cuando se congelan. 


¿Cree usted que el estrés es perjudicial para su salud?


Una enorme mayoría de los artículos sobre el estrés, tienden a centrarse en el impacto negativo que este puede tener en nuestras vidas. Y es muy cierto, que el hecho de  padecer mucho estrés, es posible que llegue a ser perjudicial para nuestra salud.



estrés



Pero mientras que estos artículos abundan, en realidad, no dicen toda la verdad acerca del estrés. Un estudio iniciado en 1998 encuestó a casi 30 mil adultos en Estados Unidos y Canadá. En dicha investigación a los participantes se les hizo dos preguntas:
  
  • ¿Cuánto estrés ha experimentado en el último año?
  • ¿Cree usted que el estrés es perjudicial para su salud?

Ocho años más tarde, los investigadores revisaron los datos para examinar si las personas que habían reportado más estrés, habían tenido tasas de mortalidad más altas.
Lo que encontraron fue que los participantes con altos niveles de estrés tuvieron, efectivamente, más altas tasas de mortalidad, pero sólo si también creían que el estrés era perjudicial para su salud.
Las personas que habían reportado altos niveles de estrés pero que no creían que este era perjudicial para la salud, tenían la menor tasa de mortalidad de todos los grupos del estudio. 


La forma de pensar el estrés

Los datos del estudio podrían estar indicando que lo que cada uno piense acerca del estrés, pueda tener una poderosa influencia sobre su salud.
Por ejemplo, una investigación realizada en 2009 por la Universidad de Birmingham con personas que tenían altas responsabilidades empresariales y profesionales, reveló que aquellos individuos que veían al estrés como una parte normal de las responsabilidades laborales, presentaban una presión arterial normal, incluso muchos de ellos practicaban ejercicios físicos y tendían a tener una dieta saludable. En cambio, aquellos individuos que tenían una creencia negativa sobre el estrés (por ejemplo, que los haría envejecer más rápido) presentaban presión arterial elevada, mayor peso que el otro grupo, eran menos propensos a hacer ejercicios, comían menos sano, entre otras actitudes negativas.  

Si usted es una de las tantas personas que cree que el estrés está perjudicando su salud, podría aplicar este proceso de tres pasos que le podría ayudar a reconsiderar esta forma de pensar:


1.) Reconocer cuando usted experimenta estrés y observe como le afecta física y psicológicamente.
2.) Reconocer que el estrés es la respuesta a algo que realmente le importa. Trate de conectar con esa emoción positiva que hay detrás del estrés.
3.) Hacer uso de la energía que el estrés le otorga.


La visión popular del estrés es que provoca una respuesta de lucha o huida. Es decir, cuando usted experimenta estrés, su cuerpo se prepara para luchar contra él o tratar de escaparle. En realidad, existen varios tipos diferentes de respuestas al estrés. Por ejemplo, un factor de estrés puede motivar, aumentar su confianza o ayudarle a aprender de los errores.
Es hora de que comencemos a hablar de una forma más equilibrada sobre el estrés. Si bien existe el estrés crónico que no es bueno para nuestra salud mental o física, hay mucho más que aquello de que “el estrés es malo para la salud”.

Referencia: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22201278


La relación entre los alimentos ricos en grasas y el comer de más


Es bastante común que cuando comemos alimentos ricos en grasas saturadas, nos pasemos de la raya ¿por qué ocurre esto? Un grupo de proteínas en el cerebro parece tener la respuesta.


alimento graso


Nuestro organismo controla la ingesta de alimentos mediante un equilibrio de necesidad entre los alimentos imprescindibles para sobrevivir y los alimentos que nos causan placer. Al distorsionar este equilibrio entre estos dos sistemas, puede ocurrir que la ingesta por placer tome el mando, al parecer por señales equivocadas al cerebro. Lo que da por resultado el comer en exceso y la obesidad.

Investigadores de del programa Neurociencias y Abuso de Sustancias de la Universidad de Vanderbilt (EE.UU) que vienen estudiando este tema desde hace años, dicen que la comprensión de estos mecanismos podría ayudar a prevenir y reducir la incidencia de la obesidad.

Es impresionante la cantidad de personas que consumen de más cuando se trata de alimentos ricos en grasas saturadas, incluso posteriormente a la sensación de saciedad. Es por ello que los investigadores vienen llevando a cabo varios estudios tratando de entender por qué ocurre este efecto.

Biológicamente, la obesidad es el resultado de fallas en el sistema nervioso central, lo que ocasiona que el organismo no pueda igualar su consumo de energía (a través de los alimentos) con su gasto energético. La cantidad de lo que comemos está controlado por la supervivencia, es decir el metabolismo del cuerpo y nuestros sentidos de placer, como el gusto y el olfato. Cuando se deterioran las señales específicas en el cerebro, estos dos sistemas pueden desequilibrarse, lo que resulta que la persona caiga en el exceso.


Un grupo específico de células del cerebro que controla la motivación, el movimiento y la atención, determina mediante una señalización la cantidad de alimentos con alto contenido de grasas que deberíamos comer. Pero cuando esta señalización es defectuosa, la persona come en exceso, especialmente alimentos con alto contenido de grasas saturadas.


Los investigadores observaron una vía de señalización específica en el cerebro: la señalización de insulina, y la forma en que esta trabaja en circuitos específicos de células cerebrales. Los defectos en la señalización de insulina pueden anular los mecanismos homeostáticos naturales del cuerpo a favor de los mecanismos de recompensa, lo que lleva a la obesidad.

El complejo rapamicina es un grupo de proteínas implicadas en la señalización de la insulina en el cerebro. Los investigadores quisieron averiguar como el complejo rapamicina y la señalización de la insulina afectaba el consumo placentero de alimentos altos en grasa.
Ellos alteraron genéticamente las células del cerebro en ratones mediante la supresión de una parte del complejo rapamicina y encontraron que los ratones sin estas proteínas ingirieron en exceso comida rica en grasa. Sin embargo, cuando se les proporcionó únicamente alimentos bajos en grasa, no comieron en exceso.

Además, encontraron que los ratones cuyo complejo rapamicina no funcionaba correctamente también tenían menos dopamina en regiones específicas del cerebro. La baja transmisión de dopamina en las células cerebrales se asocia con la obesidad, tanto en seres humanos como en animales, y también en el abuso de sustancias adictivas.

Este hallazgo revela que, paradójicamente, el sistema que está diseñado para el control del consumo de alimentos gratificantes ricos en grasas, puede ser secuestrado por los mismos alimentos que está diseñado para controlar.
Consumir una dieta alta en grasa puede resultar gratificante para mucha gente, pero también parece causar cambios en las áreas del cerebro que están implicadas en el control de la alimentación. El estudio demuestra que cuando se interrumpe la señalización en estas áreas del cerebro, se genera un círculo vicioso creciente.